Puertos pesqueros de la costa cántabra

By 9 noviembre, 2015 PAISAJES

En una costa marcada por el papel de las sierras litorales y de la rasa de abrasión marina, con formas más bien rectilíneas, aunque profusamente acantiladas, la presencia de buenos fondeaderos y puertos naturales es escasa.

En una costa marcada por el papel de las sierras litorales y de la rasa de abrasión marina, con formas más bien rectilíneas, aunque profusamente acantiladas, la presencia de buenos fondeaderos y puertos naturales es escasa. La mayor parte de las ensenadas están muy expuestas a las corrientes y flujos marinos y la defensa de estos sólo se encuentra en las rías y abras que forman los ríos al desembocar en el mar. La salvedad son las dos bahías, la de Santander y la de Santoña, que permiten guarecerse a la flota de los temporales. Sin embargo, incluso estas, reciben enormes cantidades de lodo que exigen continuos dragados para abrir los canales de acceso a los puertos ya que en ambas desembocan ríos, el Miera en la de Santander y el Asón en la de Santoña.
La realización de obras para superar estos inconvenientes ha permitido históricamente la consecución de puertos de amarre desde la Edad Media, y la benignidad del clima ha favorecido la concentración de población importante en torno a los puertos pesqueros. La conformación del paisaje actual arranca del siglo XII cuando el rey Alfonso VIII otorga fueros de villa real a los núcleos marineros existentes en las llamadas Cuatro Villas: San Vicente de la Barquera, Santander, Laredo y Castro. La implicación de ellas en el comercio castellano, sobre todo en la exportación lanera, a partir del siglo XIV impulsó su desarrollo demográfico y económico, así como la participación de algunas de ellas en el impulso constructor de barcos con los astilleros para la flota castellana en Santander y Limpias. Mientras tanto la actividad pescadora, la inicial, se mantuvo y creció incorporando otros enclaves como Comillas o Santoña, en este último caso la presencia del tómbolo de Buciero favorecerá la fortificación y su papel como base naval militar en los siglos XVIII y XIX. Se han conformado así los pueblos y villas marineras de la costa cántabra que han generado, no sólo una cultura pescadora y marinera de base de gran relevancia histórica, sino también actividades económicas industriales y de servicios de gran significación cultural. Puertos pesqueros situados en Cantabria que mantienen rasgos heredados relacionables con la pesca tradicional y artesanal. Concretamente los puertos pesqueros con sus plazas y barrios marineros aledaños de San Vicente de la Barquera, Comillas, Suances, Santander, Santoña, Laredo y Castro-Urdiales.
Llegado el siglo XIX la reordenación administrativa va a favorecer a Santander con la capitalidad de la nueva provincia y la actividad económica favorecida por la llegada de capitales de América y del País Vasco, por las guerras civiles carlistas. En el siglo XX muchos de estos puertos se beneficiaron además del crecimiento demográfico y económico general producido por el impulso de las comunicaciones con la capital regional y con otras capitales, por la migración desde el interior campesino y por la aparición de nuevas actividades como el turismo y la construcción. Las excepciones fueron Comillas y Santoña cuya situación las alejaba en buena medida de esos fenómenos y cuyo desarrollo pasaba por desarrollar sus propias actividades económicas. Mientras Comillas apostaba por el turismo vinculado a los veraneos regios y aristocráticos, lo que determinó una fosilización de su pequeño puerto pesquero, por ello bastante bien conservado, Santoña lo hacía por el desarrollo de sus actividades pesqueras y por la transformación industrial de sus productos del mar. En este caso el factor clave fue la llegada paulatina de salazoneros del sur de Italia que pusieron en marcha la industria conservera de Santoña, especialmente la semiconserva del bocarte, para su distribución en Italia y en España. La incorporación de trabajadores y empresarios autóctonos hizo el resto y hoy Santoña ha marcado la pauta de la creación de la industria de trasformación del pescado en el norte de España. Por ello esta actividad salazonera y conservera ahora ya forma parte de otros puertos como Laredo y Castro-Urdiales, generando un paisaje característico.
Pero hoy el patrimonio de estos puertos no se reduce a aspectos etnográficos, casas marineras de vivos colores, actividades como las que se describen y fiestas muy reconocibles como la celebración de la Virgen del Carmen o las procesiones marineras (La Folía de San Vicente o la de la Virgen del Puerto en Santoña); también debemos reconocer la presencia de edificios religiosos y obra civil de enorme interés, como las iglesias góticas de sus comienzos como tales villas (Castro, Laredo, Santander y San Vicente), las murallas de la villa (San Vicente y Laredo), las plazas (San Vicente), los muelles, almacenes y lonjas, los palacios y casonas, etc., en algunos casos declarados BIC´s por el gobierno cántabro.

LOCALIZACIÓN

Costa de Cantabria

ROL DE LAS PERSONAS

El mar Cantábrico es rico en pesca, pero destacan hoy las denominadas “costeras” de los bancos de peces que se aproximan en temporada al Golfo de Vizcaya, las más importantes la del besugo en invierno y la de la sardina en verano. De ellas se beneficia la pesca artesanal y de bajura principalmente, el armador, el patrón y los marineros de estos puertos. Hoy en día la costera del bocarte o anchoa en primavera es la más esperada pues se ha convertido en materia prima fundamental, por su calidad, para la industria conservera local. También es importante la del bonito a finales del verano. Al tiempo existe una pesca de ribera, de costa, en busca de congrios, jargos, cabrachos, y cefalópodos (cachones y maganos), sin olvidar el complejo mariscador en los arenales y acantilados. En este caso pescadores y especialmente mariscadoras como las “pedreñeras” tienen un singular protagonismo. El primer consumo es el de los propios marineros en los barcos, la base de la actual gastronomía marinera con platos como la marmita y el sorropotún que han consolidado certámenes gastronómicos en los puertos, o las sardinadas y bonitadas tan propias de las fiestas y ferias de La Marina.
El pescado obtenido tiene que ser comercializado, actualmente tras su subasta en lonja. Tradicionalmente congrios y sardinas, más tarde bocartes y bonito salían y salen en furgonetas de pescaderos que recorren para venderlos los pueblos de la Cantabria interior y de Castilla. Antiguamente el besugo se conservaba en vinagreta y el bacalao se salaba para conducirlo a las ciudades y villas castellanas.
En las fábricas de salazones y conservas, especialmente en Santoña, existe una cultura con peculiaridades. Una de ella es la relevancia de la presencia femenina y otra es la marcada especialización del trabajo. Esto determina la existencia de un código interno que divide a las trabajadoras en “largas” y “cortas”, según rendimiento y en “limpias” y “cochinas” por su grado de limpieza en el trabajo, valores que sirven de acicate utilizadas por las encargadas de cada sección y que estimula la competencia entre las trabajadoras. El buen resultado de su trabajo es lo que ha permitido el reconocimiento de calidad otorgado por el gobierno de Cantabria a las anchoas en conserva como M.G.R. Calidad Cantabria e incluso por el C.R.A.E. Cantabria como Agricultura Ecológica a las conservas de pescado.
Sobre el protagonismo de las mujeres en los puertos pesqueros, además de las mariscadoras y conserveras, señalar su predominio en la reparación y puesta a punto de las redes, las “rederas” o “adobadoras”. Este es un rasgo que marca la vida familiar tradicional en los puertos pesqueros aún hoy en día.