Elaboración de higos y albaricoques secos

Los higos secos eran una comida propio de todas las clases sociales en la sociedad agraria mallorquina y el secado de los higos era una actividad habitual en todas las casas de campo

LOCALIZACIÓN
Mallorca

DESCRIPCIÓN
Se cogen los higos, que deben ser maduros, y se palanan entre las palmas de las manos o pulsando con las manos. Se colocan los higos en una bandeja encima de una pasera o secadero hecho de cañas al sol durante 7-10 días, hasta que vemos que están bien secas. Los tres últimos días se giran los higos a fin de que se hayan soleado por las dos caras. para asegurarse que ningún elemento extraño, sobre todo insectos, haya pasado a formar parte de los higos, se le dan un toque de horno. Se coge un bote de vidrio y se ponen un poco de semillas de anis seguido de un higo, un poco de anís líquido o un poco de hierbas dulces, ponemos otro higo, con más semillas de anís y más licor, y repetimos de nuevo con otra higo hasta que el puede queda bien lleno. En algunos lugares era constumbre darles un baño de aguasal antes de meterlas al horno. En el caso de los alabricoques, estos se depepitan però no se poden al horno y se guardan en botes.

ROL DE LAS PERSONAS
Los higos secos eran una comida propio de todas las clases sociales en la sociedad agraria mallorquina y el secado de los higos era una actividad habitual en todas las casas de campo que exigía una delicada preparación y que permitía disfrutar de esta fruta durante todo al año y disponer fácilmente de una fuente de energía muy necesaria para poder llevar a cabo las tareas agrícolas. Además su cocina era diversa ya que con ellas se elaboraban platos muchos diversos como pastel de higo, miel de higo, escaldulms, pichones con miel e higos secos, pan de higo, o higos adobadas con anís y aguardiente. El albaricoquero se introdujo en Mallorca hace más de 200 años y hasta el siglo XIX se cultivaba en régimen de secano y para consumo doméstico. Hacia 1920 se difundió la elaboración
de albaricoques secos, especialmente en la zona de Porreres. Este proceso, en el que participaban familias enteras, estimuló la economía local y abrió las puertas a una industria que se consolidar en los años 60 y, desde entonces hasta principios de los 90 el albaricoque seco se exportó hacia Europa. Posteriormente el cultivo decayó debido al encarecimiento de la mano de obra y en las dificultades de comercialización de albaricoque mallorquín por la fuerte competencia de albaricoques foráneos y, a estas alturas, se ha reducido prácticamente al ámbito familiar.