Paisaje cultural lebaniego

By 9 noviembre, 2015 PAISAJES

Liébana, un territorio encerrado en una gran fosa tectónica entre los Picos de Europa, al norte, la Cordillera Cantábrica, al sur, y la sierra de Peña Sagra al este.

Liébana, un territorio encerrado en una gran fosa tectónica entre los Picos de Europa, al norte, la Cordillera Cantábrica, al sur, y la sierra de Peña Sagra al este. Se trata de una comarca bien caracterizada del interior de la Comunidad Autónoma de Cantabria. Su territorio propio se encuentra dentro de los municipios siguientes: Potes, villa central y cabeza comarcal, Camaleño, Vega de Liébana, Pesaguero, Cabezón de Liébana y Cillorigo. Por extensión consideramos también a los pueblos de los municipios de Peñarrubia y Tresviso, que comparten el mismo tipo de paisaje. El valle tiene un alto valor paisajístico debido a los abruptos relieves circundantes, en gran medida calcáreos, y al alto grado de naturalidad que aún conserva. Se trata de una amplia depresión de origen geológico con grandes extensiones de bosques, matorrales y praderías habitadas por una amplia fauna, entre la que se encuentran grandes mamíferos como el oso, el venado y el lobo y una nutrida representación de aves de roquedo, incluyendo el águila y el quebrantahuesos.
En realidad, Liébana está conformada por diversos valles confluyentes para formar el caudal del río Deva antes de atravesar las murallas calizas en el desfiladero de La Hermida y salir al mar. Sus rasgos climáticos oromediterráneos, notables en el fondo de la depresión, le dan al valle unas características botánicas y faunísticas de valor excepcional y explican la extensión antrópica de cultivos y plantaciones singulares, de claro carácter mediterráneo, como el alcornocal, el viñedo y el olivar.
Los núcleos se sitúan en las zonas bajas de la cubeta, en las laderas y pandos que buscan la proximidad de las mejores tierras de cultivo del fondo de los valles. En torno los terrazgos dedicados a cultivos y los prados, los viñedos y frutales que difícilmente rebasan los 700 m. de altitud y buscan la solana. En los ruedos exteriores brañas y bosques, más lejos y más arriba La Peña, como llaman los lugareños a las cimas rocosas con sus puertos de pasto. La villa de Potes constituye el centro económico motor de la comarca. En este espacio aldeano se conformó históricamente un paisaje de alto valor cultural que ha llegado a nosotros. Una arquitectura popular de fuerte personalidad, con sus casonas, sus hórreos, sus cuadras, pajares, bodegas, tenadas…tan propias, un importante patrimonio etnográfico, como su gastronomía -recordemos su miel, sus vinos y quesos, sus platos característicos-, su rica tradición oral, especialmente en romances y trovas, pero también su notable patrimonio histórico-artístico en el que destacan sus iglesias prerrománicas y románicas, sus monasterios y ermitas, como las del coto de Santo Toribio, y sus torres como las del Infantado y de Orejón de la Lama en Potes.
Hoy, Liébana, en gran medida sobre la calidad de su paisaje natural y cultural, es uno de los destinos turísticos más relevantes del norte peninsular. La puesta en marcha de iniciativas tales como el Año Jubilar lebaniego o la Fiesta del Orujo en Potes han contribuido a incrementar la riqueza cultural preexistente y a potenciar su desarrollo económico, impulsando las actividades industriales, comerciales y hosteleras.

LOCALIZACIÓN

Valle de Liébana

ROL DE LAS PERSONAS

Sin duda el trabajo acumulado de los campesinos lebaniegos ha sido fundamental para la construcción de este singular paisaje. En relación con la Dieta Mediterránea, cabe destacar los pastores y ganaderos que fabricaron, y siguen haciéndolo, la gran variedad de quesos, la mayoría reconocidos con D.O.P. (Bejes-Tresviso y Quesucos de Liébana), que se producen, algunos con técnicas vinculadas al medio natural, las cuevas para el queso picón, o al medio humano, los quesucos ahumados de Áliva por ejemplo. Por otro lado la miel de sus dujos reconocida como D.O.P. Miel de Liébana. En otro tiempo, también se extrajo el corcho de los alcornocales, como el de Tolibes y la aceituna en algunos olivares que aún existen, como el de Naroba. Pero ha sido el viñedo el que ha continuado marcando hasta hoy las diferencias, generando una cultura del vino y el aguardiente autóctonos, la única que como tal ha pervivido hasta hoy.
Por otra parte, cabe destacar también el papel de las élites civiles, señores e indianos, o religiosas, clero regular y secular, que han guiado la construcción de gran parte del patrimonio monumental histórico-artístico que hoy contemplamos en el valle. Destacables son la iglesia mozárabe de Santa María de Lebeña, la iglesia románica del viejo monasterio dúplice de Santa María de Piasca y el Monasterio de Santa Toribio de Liébana con sus ermitas aledañas.