Olivicultura en la Campiña Norte de Jaén

By 28 junio, 2014 PAISAJES - ANDALUCÍA

El cultivo del olivo y recolección de su producto, la aceituna, forma parte de uno de los oficios y trabajos más relevantes, tanto económicamente como social y culturalmente, no sólo de la zona de la campiña jiennense sino de gran parte del territorio andaluz.

DESCRIPCIÓN

El cultivo del olivo y recolección de su producto, la aceituna, forma parte de uno de los oficios y trabajos más relevantes, tanto económicamente como social y culturalmente, no sólo de la zona de la campiña jiennense sino de gran parte del territorio andaluz. Sus principales características vienen dadas por tratarse de un producto de fácil adaptación en la mayoría del territorio, independientemente de que esto implique que predomine en cada zona una variedad específica u otra de aceituna.
El cultivo del olivo es un referente en Andalucía, siendo ya reconocido en tiempos de imperio romano el producto que se obtenía de esta tierra. Sin embargo, a pesar de tratarse de un producto de largo arraigo, no es hasta bien entrado el siglo XX cuando su cultivo se generaliza, volviéndose con el tiempo, en zonas como la de la Campiña Norte, un monocultivo, aumentando con ello su relevancia socio-económica e incidiendo en la definición de hábitos y características culturales. La pérdida de valor de los cereales y de productos de tierra calma hace que poco a poco exista un proceso de conversión al sector oleico que se acentúa a partir de los años ochenta del siglo XX con la política agraria europea y la política de subvenciones. Este modelo productivo ha implantado un monocultivo dedicado a la aceituna, creando un paisaje homogéneo con un solo protagonista.

ROL DE LAS PERSONAS

Desde finales de los años noventa del siglo XX se produce un paulatino abandono del campo y éxodo hacia el sector en auge de la construcción, lo que condujo a la contratación mayoritaria de temporeros extranjeros en la recolección de aceituna. Pese a que las circunstancias económicas de la primera década del siglo XXI provocan que la misma población local reclame un trabajo que anteriormente había abandonado, unido a que la mecanización facilita la adaptación y el aprendizaje, uno de los factores que incide en la continuidad de los saberes tradicionales es la pérdida de aquéllos capataces de cuadrillas que conocen el modo local de llevar a cabo el cultivo y recolección de la aceituna, transmisores de un conocimiento que no sólo incluye técnicas y procedimientos, sino modos de vida que hoy ya apenas se reproducen.