Dehesas de la trufa negra

By 9 noviembre, 2015 Sin categoría

Los paisajes truferos de la trufa negra/Tuber melanosporum, se caracterizan por formar dehesas preferentemente de encina, pero también de carrasca, quejigo, coscoja, roble y avellano…

Los paisajes truferos de la trufa negra/Tuber melanosporum, se caracterizan por formar dehesas preferentemente de encina, pero también de carrasca, quejigo, coscoja, roble y avellano…, que en superficie, muestran un cerco sin vegetación bajo estos árboles, llamado «quemado», debido a que el manto vegetal retrocede ante el avance de la trufa. La trufa es el producto que refleja mejor la convergencia de condicionantes como el clima, el suelo, la vegetación y la acción humana; trufa y raíces de los árboles mediterráneos, son el mejor ejemplo de simbiosis recíproca, de la que ambos se benefician, en un clima propicio para estas dehesas truferas como es el mediterráneo xérico, con tendencia continental. Históricamente, la trufa está envuelta en un halo de misterio, relacionándola en la Edad media con la brujería; considerada un manjar culinario es conocida como el diamante negro de nuestra cocina. La caza de la trufa silvestre se realiza en la actualidad con canes truferos adiestrados, antes cerdas, que las detectan desde el subsuelo por su aroma. La temporada de la trufa se prolonga desde noviembre hasta marzo, en torno a un amplio calendario de ferias, entre las que destacan: la de Graus (Huesca) y la de Sarrión (Teruel), núcleos truferos por excelencia. La compraventa de la trufa se realiza en mercados locales situados en las poblaciones con mayor tradición trufera y a veces en los propios domicilios de los truficultores, primando aún cierto secretismo.

LOCALIZACIÓN

Huesca y Teruel

ROL DE LAS PERSONAS

El espacio que los acogió ha sido rehabilitado para convertirse en centro de visitantes. En él, se muestra la riqueza de los olivos del Somontano, las labores tradicionales del olivar, la historia del aceite y de los rituales vinculados a él.